sábado, enero 24, 2009

Falacias


Desde tiempos inmemoriales, los líderes políticos y religiosos (y otros denominados "de opinión") han manipulado a grandes sectores de la población utilizando argumentos basados en la emotividad antes que en el razonamiento objetivo. Por supuesto que donde hay un manipulador debe haber también alguien manipulable, dispuesto a abdicar en su raciocinio en aras de la seguridad que le ofrece un sistema de creencias abundante en porvenires paradisíacos, y la pertenencia al grupo humano que las profesa. Tal renuncia a la lógica constituye el principio de los argumentos falaces o sofismas, los cuales -valgan verdades- no se limitan únicamente al discurso demagógico de aquellos líderes, si no que forman parte de nuestro cotidiano discurso. El tema es vasto por cierto, y excede con creces los propósitos de un humilde blog construido para hacer más soportables las horas de insomnio del autor, por lo cual se presentan a continuación aquellas falacias más frecuentemente utilizadas:
Falacia de generalización. Una de las más difundidas, consiste en llegar a conclusiones basándose en una experiencia limitada y estadísticamente no significativa. En su versión más benigna y cotidiana, sirve de sustento para los "conocedores" de todo tipo de cosas, aquéllos que -por ejemplo- opinan pomposamente acerca de la calidad de un restaurante habiendo asistido solamente una vez, o que pretenden describir a "la mujer" o "al hombre" de una determinada nacionalidad, como si de una población absolutamente homogénea se tratase (p.ej: "el hombre peruano es trabajador"). Es también esta falacia la favorita de los charlatanes ("naturistas" o "alternativos"), que basan la pretendida eficacia de sus productos casi exclusivamente en testimonios aislados, ocultando pícaramente sus fracasos, y olvidando deliberadamente que muchas dolencias presentan en ocasiones, remisiones espontáneas. Asimismo utilizan aquéllos la falacia de generalización para echar una sombra de duda sobre toda la medicina convencional, poniendo un énfasis desmedido en los efectos secundarios de algunos medicamentos (sin tomar en cuenta que no todos los fármacos son iguales, y que no todas las personas reaccionan de igual manera ante el mismo medicamento); tal error trasciende la propaganda de los charlatanes y suele ser muy común en la población general, expresándose en frases como: "las medicinas me caen mal" o "las pastillas no me hacen nada". En su versión más nefasta, la falacia de generalización ha sido históricamente el principal acicate para persecusiones de toda índole; se aprovecha aquí las características (verdaderas o ficticias) de unos cuantos individuos para luego atribuírselas a todos los representantes de su grupo (ejemplos abundan: "los judíos son avaros", "los árabes son terroristas", "los alemanes son racistas", seguido de un largo y deplorable etcétera).
Falacia de autoridad (argumentum ad verecundiam). Uno de los principales escollos para el avance del conocimiento y motivo de persecuciones de toda clase, utiliza la opinión de una figura de autoridad como argumento incuestionable, que no admite desviación alguna. En el campo de la ciencia, la "verdad revelada" en la Biblia (o cualquier otro texto elevado a la categoría de sagrado) ha sido generalmente el único argumento de los dogmáticos para oponerse a cualquier tipo de descubrimiento científico (la historia es generosa en ejemplos: Galileo y el heliocentrismo, y Charles Darwin y la evolución, por poner sólo dos). En el terreno de la política, los extremistas de un lado o del otro suelen limitar sus argumentos a monótonas citas textuales del líder supremo, tildando de "revisionistas" a quienes osen apartarse en lo más mínimo de las férreas fronteras ideológicas impuestas. Más cotidianamente, en medios donde la educación tiene como objetivo la ciega obediencia antes que el desarrollo de una ciudadanía consciente de sus derechos, las preguntas de los alumnos suelen tener como respuesta paradigmática: "porque el maestro lo dice".
Falacia populista (argumentum ad populum). Otra de las preferidas por la demagogia política, consiste en afirmar conviccionalmente una supuesta verdad aludiendo al número de sus defensores (p.ej: "¿cómo no va a ser cierto, si el 90% lo cree así?"). Clásicamente se ha refutado esta falacia recordando creencias desechadas en la actualidad pero aceptadas mayoritariamente en la antigüedad (por ejemplo, la idea de que la tierra es plana).
Falacia de la repetición (argumentum ad náuseam). También favorita dentro de las lides políticas, recurre a la repetición constante de una aseveración como sustento único de su validez. Tiene como paradigma aquella conocida frase del líder nazi Joseph Goebbels: "miente, miente, que algo queda".
Falacia por ignorancia (argumentum ad ignorantiam). Frecuentemente utilizada para sustentar tesis religiosas, afirma la veracidad de una proposición basándose en la ausencia de pruebas en su contra (ejemplo típico: "Dios existe, nadie ha podido probar que no es así").
Falacia del falso dilema (falsa disyunción). Consiste en reducir una situación a sólo dos posibilidades presentadas como antagónicas, de modo que la descalificación de una de ellas debe supuestamente reforzar a la otra. En política, se esgrime esta falacia para defender gobiernos autoproclamados como insustituibles o "salvadores de la patria" (p.ej: a quienes critican las violaciones de derechos humanos por parte de grupos paramilitares apoyados por dictaduras, se les recuerda obsesivamente los crímenes cometidos por los grupos subversivos, como si sólo pudiese escogerse entre ambos extremismos deleznables). En el campo de la religión, no es raro que se utilice como argumento a favor de la presencia divina en ciertos hechos considerados como milagrosos, la simple ausencia (quizás momentánea) de una explicación científica rigurosa ("la medicina no puede explicarlo, ¡milagro!"); igual sucede con quienes se deleitan con descalificar incesantemente a diferentes teorías de aceptación mayoritaria en la actualidad (p.ej: la evolución o la gran explosión), creyendo que con ese simple accionar, están revitalizando el Génesis.
Falacia dirigida a la persona (argumentum ad hominem). Favorita del periodismo sensacionalista (manejado por grupos de poder), en lugar de refutar directamente los argumentos de un oponente ideológico, busca la simple descalificación de su persona en base a características suyas que no guardan relación con el argumento (p.ej: "¿cómo van a darle credibilidad, si es comunista?"; otro ej: "¿cómo puede opinar sobre el aborto un sacerdote, si no sabe lo que es tener un hijo?"). Sí resulta válido hacer alusión a una característica de la persona cuando aquélla influye directamente en el hecho en cuestión (p.ej: desconfiar de un procedimiento médico realizado por alguien que no ha estudiado medicina; en este caso, el estudio de tal disciplina sí es indispensable para el ejercicio de la misma).
Falacia de las emociones (sofisma patético). Intenta apelar a las emociones del interlocutor (miedo o culpa), en vez de a la razón. Un ejemplo cotidiano es el de las abuelas que intentaban embutirnos hasta el último rastro de comida recordándonos a "los niños pobres que no tienen qué comer" (como si nuestra saciedad pudiera llenarles el estómago). En política, no es raro acudir al patriotismo de la población para defender cualquier tipo de argumento, sin importar la veracidad del mismo (en los conflictos territoriales es la norma, ninguno de los dos bandos se preocupa realmente por la verdad de los hechos originales, la posición nacional debe ser defendida ciegamente, a capa y espada, so pena de ser calificado como "traidor"); cabría citar aquí a Samuel Johnson: "el patriotismo es el último recurso de los bribones". También puede encontrarse este sofisma en quienes apelan a la ira divina para erradicar de raíz cualquier pensamiento herético ("¡ofendes a Dios con tus blasfemias!").
Falacia de la consecuencia (argumentum ad consequentiam). Relacionada con la anterior, consiste en descalificar la veracidad de una posición refiriéndose a sus posibles consecuencias negativas, generalmente de forma exagerada y apelando al miedo (p.ej: "¿cómo no puedes creer en Dios? ¿no te resulta terrible el que no haya vida después de la muerte?", se puede refutar diciendo que la realidad no tiene que ser como uno quiere que sea; otro ej: "si se permite el aborto durante las primeras semanas, entonces nada impedirá que se lleve a cabo en cualquier momento del embarazo o inclusive despúes del parto, sería el inicio de un genocidio").
Falacia de eludir la cuestión (ignoratio elenchi). Frecuente también en política, consiste en evadir el tema central a ser demostrado, desviándose hacia temas distintos, que suelen generar consenso, pero que no sustentan la posición inicial (p.ej: si se denuncia la contaminación ambiental que genera una empresa minera, el vocero de dicha compañía responde hablando sobre la importancia de la minería en la economía del país y del apoyo que está dando la empresa denunciada a la educación en los poblados aledaños; otro ej: se cuestiona como excesiva la pena de muerte a violadores, y el que apoya dicha pena habla sobre las consecuencias psicológicas en las víctimas de violación).
Falacia de la conclusión equivocada (non sequitur). En la cual la conclusión no se puede deducir lógicamente de las premisas presentadas. Frecuente entre los charlatanes, que esgrimen abundantes argumentos médicos, algunos de ellos veraces, para terminar concluyendo que su producto es útil, sin que la verborrea previa lo demuestre efectivamente (p.ej: "el magnesio es importante para múltiples funciones fisiológicas, por lo tanto, debe usted tomar suplementos de magnesio todos los días", en este caso, el rol que juega una sustancia en el organismo no implica necesariamente que deba suministrarse en exceso, más allá de lo que la ingesta diaria contenida en los alimentos puede proveer).
Falacia de la falsa causa (cum hoc, ergo propter hoc). Afirma que dos eventos que ocurren consecutivamente tienen necesariamente una relación causa-efecto, olvidando que puede existir un tercer factor que sea la verdadera causa o que se trate de una simple coincidencia (p.ej: "los homosexuales suelen padecer de depresión, por consiguiente, la homosexualidad produce depresión", no toma en cuenta que la discriminación social que muchas veces padecen los homosexuales puede ser el factor subyacente que desencadena la depresión; otro ej: "una vez soñé que sufría un accidente y pocas semanas después mi vecino se accidentó, mis sueños son proféticos", excluye la posibilidad más lógica de una mera coincidencia, incurriendo además en una falacia de generalización).
Falacia por falsa analogía. Intenta equiparar dos situaciones sin tomar en cuenta las diferencias existentes (p.ej: "si yo pude dejar de fumar, tú también puedes hacerlo", no considera que la vulnerabilidad para la adicción varía entre las personas).
Conocer y detectar estas y otras falacias en la diaria interacción verbal con otras personas, puede ayudar aunque sea en parte a reducir (no caigamos en la ingenuidad de pretender erradicar) los efectos perniciosos que aquéllas pueden llegar a tener, tanto a nivel individual como en la sociedad.

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domingo, noviembre 02, 2008

Día de los muertos (2)



Hace algunas semanas, estando en el Camposanto de Pisa (Italia), llamó mi atención la tumba del científico Fabrizio Ottaviano Mossotti; sobre la misma se encontraba la figura esculpida en mármol de una bella mujer en una posición bastante sugestiva. De primera intención me pareció contradictorio coronar con tal monumento a la vitalidad el lugar de eterno reposo de un occiso. Una reflexión posterior, sin embargo, me llevó a la siguiente pregunta: ¿por qué dicha estatua femenina -tan radiante y perfecta en sus formas- no podría representar a la muerte, esperándonos anhelante pero con la serenidad de quien se sabe inevitable? ¿Tiene que ser la muerte necesariamente simbolizada de un modo abominable? Me viene a la memoria el siguiente escrito de Ramón Sampedro, aquél que se las ingenió para poner fin a su existencia, tormentosamente limitada por una tetrapejia:

"Prefiero a la otra

No me vendo, vida, por tan poco placer,
es tan despreciable el amor que me das,
tu mezquindad me ha vuelto orgulloso,
prefiero dejarte, esperaba de ti más generosidad.

La muerte es mi amiga, la quiero y la respeto,
no importa que me la nombres de negro,
espantosa y fría. Lo que queremos y deseamos,
siempre parece hermoso a nuestro mirar.

Si os comparo en hermosura,
esa señora que tú me muestras tan horrorosa
me gusta más.

Mezquina vida, no me convencen tus malas artes,
porque la llames fea, horrorosa, a tu rival.
Ella es la otra, la que yo quiero, la deseada.
Me voy con ella, quiero librarme de tus cadenas,
de tus mazmorras, de tus hedores.
¡No te soporto, me hueles mal!

No me impresionan tus artimañas de embaucadora.
No soy un niño al que consigas
con espantosos cuentos de miedo hacer temblar.
¿De qué me sirve que tus lacayos me tengan presoy encadenado?
¡No te deseo, ni volveré a desearte nunca jamás!

Amiga mía, tú que algún día tanto me amaste,
y de belleza tanto me hablaste,
déjame libre de tus cadenas
y no permitas que tu venganza llegue al final".


Ignoro hasta el momento qué o a quién representa la mujer de la tumba de Mossotti. Pero la posibilidad de ver en ella una alegoría de la parca no se me hace ya extraña.

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jueves, mayo 01, 2008

Número 6


El prisionero fue una serie de televisión británica emitida entre 1967 y 1968, protagonizada por Patrick Mc Goohan. Muy sucintamente, trata sobre un agente del servicio secreto que renuncia a su organización, siendo luego secuestrado y recluido en una misteriosa localidad conocida como La Villa, en donde recibe la denominación de Número 6. A lo largo de los 17 capítulos, La Villa se revela como un lugar aparentemente hospitalario y agradable, con toda clase de comodidades. Pero tras esa atmósfera de amabilidad se encuentra una férrea y omnipresente administración, que controla todos los aspectos de la vida de sus habitantes, hasta en sus más mínimos detalles, y que no permite disidencia alguna. El líder visible de La Villa, conocido como el Número 2, somete al Número 6 a toda clase de estrategias destinadas a doblegarlo y averiguar por qué renunció, sin conseguirlo nunca; éste evade ingeniosamente todas las tretas, se muestra siempre reacio a admitir su apelativo numérico e intenta huir del lugar repetidas veces, lográndolo al final, irónicamente junto con el Número 2, carcelero y prisionero a la vez.

La serie resulta una alegoría bastante clara del individuo que lucha por su autonomía en contra de un sistema opresor. Para muchos, dicho sistema opresor encuentra su equivalente en regímenes totalitarios, sean éstos de índole fascista o comunista, en contraposición a la democracia (quién sabe simbolizada en una de las últimas escenas del capítulo final por el Palacio de Westminster). Podemos, sin embargo, tomarnos la libertad de extender metafóricamente un poco más los límites de La Villa, e incluir a toda la sociedad. Así, podríamos decir que la mayoría de nosotros vivimos parametrados por innumerables reglas y restricciones, cuyas motivaciones y fundamentos por lo general ignoramos parcial o totalmente. Y más que eso, no nos interesa conocer dichas motivaciones y fundamentos, o hacemos poco o nada por averiguarlo. Simplemente, así son las cosas, y seremos felices y viviremos cómodos y tranquilos, sin problemas, mientras nos adaptemos y no hagamos preguntas incómodas. Como en La Villa. ¿Por qué debes amar a tu patria? ¿por qué tienes que creer en dios? ¿por qué hacer una cosa y no la otra? Respuestas abundan, no lo dudo, pero ¿son en realidad las respuestas o solamente argumentos que muchos hemos aprendido a utilizar como tales, al punto de haberlos introyectado como propios, pero cuyos orígenes ni siquiera conocemos? Dicen que sin reglas el sistema colapsaría y sobrevendría el caos. Sin duda alguna pero, ¿todas las leyes, reglas, normas sociales y costumbres ancestrales (agregaría: prejuicios) contribuyen realmente a alejarnos del monstruo de la anarquía y de la muerte social? ¿O quizás muchas de ellas son solamente fantasmas de antiguas necesidades o existen esencialmente para la supervivencia de subsistemas que no necesariamente integran a la mayoría? La adaptación a nuestro medio social nos aleja de la tan temida soledad, al punto del sacrificio de nuestra propia individualidad; vale la pena citar aquí a Erich Fromm: "La mayoría de la gente está convencida de que, mientras no se la obligue a algo mediante la fuerza externa, sus decisiones le pertenecen, y que si quiere algo, realmente es ella quien lo quiere. Pero se trata tan solo de una de las grandes ilusiones que tenemos acerca de nosotros. Gran número de nuestras decisiones no son realmente nuestras, sino que nos han sido sugeridas desde afuera; hemos logrado persuadirnos a nosotros mismos de que ellas son obra nuestra, mientras que, en realidad, nos hemos limitado a ajustarnos a la expectativa de los demás, impulsados por el miedo al aislamiento y por amenazas aún más directas en contra de nuestra vida, libertad y conveniencia" (El miedo a la libertad, 1941).

Quizás todos seamos números en una enorme Villa. Algunos aparentemente dirigiendo y otros sometidos, pero todos al fin y al cabo prisioneros, sin saber las razones y sin conocer al Número 1.


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miércoles, abril 30, 2008

Entre vivos y plebeyos



Documental producido como parte del taller de documental 2002-I a cargo del profesor José Balado en la Universidad de Lima.

Dir. Matías Vega
Año: 2002
Duración: 13 min.

Este video ha sido publicado con autorización de Oscar Quezada Machiavello, Decano de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Lima.

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sábado, enero 26, 2008

Día sombrío




viernes, noviembre 02, 2007

Día de los muertos


Hace unos días, mientras daba un solitario pero inspirador paseo en el antiguo cementerio limeño "Presbítero Maestro", tuve oportunidad de apreciar esa mezcla de fascinación y temor que los humanos tenemos ante la muerte, expresada marmóreamente en los monumentales mausoleos que las familias más acomodadas dedicaban a sus fallecidos. Cristos, ángeles, vírgenes, deidades griegas, leones míticos y otros seres fabulosos formaban parte de toda esta parafernalia de la extinción corporal. Irónico homenaje, en el cual el único que no puede apreciarlo es el homenajeado. Por supuesto que no todas las familias podían rendir semejante tributo a sus occisos, de modo que hasta en la muerte, el estatus socioeconómico impone su intransigente presencia: muchos -la mayoría en realidad- debían conformarse con un simple féretro de pared recubierto con una lápida de mármol, o simplemente con una humilde cubierta de cemento y letras pintadas (la última foto es bastante gráfica respecto a estas diferencias sociales post-mortem). Por supuesto que pecaríamos de ignorantes si pretendiésemos reducir tal realidad a nuestros tan vilipendiados tiempos postmodernos o inclusive a nuestro pasado más reciente, y ahí están las tumbas de Sipán o las pirámides de Gizeh para comprobarlo. En lo que a mí respecta, que no creo en cristianas sepulturas ni vidas ultraterrenales, una vez que el mundo se libre de mi existencia, que me arrojen no más al río Rímac, o si prefieren, al mar. Previa cremación, por supuesto, pues no quisiera convertirme en una contribución póstuma a la contaminación ambiental.





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miércoles, octubre 31, 2007

Día de la canción criolla

http://www.infocusco.com/radio/lucha-reyes/

Cuando me doy cuenta
que ya eres ajena;
yo tengo una pena, yo
Yo tengo una pena.
Porque me hace falta,
tu mirada buena...
Si fuiste mi gloria,
serás mi condena;
Yo tengo una pena, yo
Yo tengo una pena
porque sé que nuncavolverás,
mi nena...
Y nuestro cariño,
yo sé que ha partido;
por las calles tristes,
que van al olvido;
Cuando me doy cuenta
que ya eres ajena.
Yo tengo una pena, yo
Yo tengo una pena,
porque sé que nunca volverás,
mi nena...

Autor: Augusto Polo Campos
Intérprete: Lucha Reyes

domingo, octubre 21, 2007

Sólo 4 horas

Napoleón se enorgullecía
De dormir sólo cuatro horas.
Quizás por ello fuera
Tan imbécil.
Sin embargo
Una mancha de estatuas
Lo celebran:
Legó a la patria
Cuatro millones de muertos.
Y ningún sueño
Quizás porque tan sólo dormía
Cuatro horas
En las noches

Luis Hernández, 1970

miércoles, septiembre 19, 2007

Terremoto en Pisco, un mes después









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jueves, septiembre 13, 2007

Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!


César Vallejo, 1918